Evolución

Ultimas anotaciones antes de partir


Era un día como otros.
Pero no amaneció igual.
He decidido recoger el ancla, tranquilo, después de acabar mi pipa.
Hoy miro Alejandría sonriente, pero me arriesgaré a conocer otras tierras.
Debajo de este barril de pólvora en el que permanecí sentado tanto tiempo, observando tus maravillas, encontré un millón de mapas de nuevas rutas, de nuevas tierras...
Es hora de conocerlas antes de que este pirata se haga mayor y deje de soñar.
Siempre estarás en mi corazón.
Hermosa y amada Alejandría.
Y un día...vendré a tu orilla a contarte mis glorias y mis derrotas.
Y después te pediré un único baile.

Si me lo concedes...danzaré sin parar, agarrado a tu cintura.
Impregnando tus ojos del azul que pienso recuperar...navegando por el mundo.
Y te besaré, mi Alejandría, con el beso de una vida.

Un Instante, la luz.

09 octubre


Ayer desde cubierta, y con la mirada puesta en el horizonte,
de pronto, una luz se encendió un instante.
A muchos otros marineros, puede parecerles insuficiente.
A mí, pirata bravo donde los haya, me pareció ... no se como explicarlo.

Alguien puede imaginar un pirata, acostumbrado a ver los siete mares,
acostumbrado a océanos de estrellas,
enamorado de Alejandría, de su costa, de su inmensa hermosura...
De pronto un día pierde la vista.
El matasanos de a bordo , le informa que esto es irreversible.
Nunca más podrá ver.
Y el pirata , busca por instinto la dirección de lo que más ama.
Incapaz de navegar
más para no estrellarse irremediablemente contra las rocas.
Hecha el ancla, se instala en la superficie del barco y permanece allí, día y noche,
que para él, es lo mismo ya. Esperando que al menos, una ráfaga de aire le traiga su olor.

Imaginandola una y otra vez. Con todo su esplendor.
De pronto, cuando menos lo espera, se enciende unos segundos la luz.
Son solo unos segundos, pero le permiten volver a ver.
Quién iba a pensar en ese regalo?
Y agradece como si en realidad le hubieran devuelto la vista.
Ya no importa tanto esta oscuridad.
Fue un regalo maravilloso. Probablemente, el mejor de toda su vida.

Y ahora, tolera mejor su ceguera irreversible.
Y ahora, sueña con esa luz, con lo que le permitió ver.
Y se sienta otra vez en su barril de pólvora, a encender su pipa, y a contemplar desde sus tinieblas,
su amada, su eterna Alejandría.